La percepción del género está influenciada por un conjunto de normas establecidas que van dando forma a una identidad simulada que actúa y vive de acuerdo a lo que ante los ojos de las sociedades es ‘aceptable’ de un hombre o una mujer. Esta percepción general sobre lo femenino y lo masculino tiene efecto directo en todos los aspectos de la vida un individuo.

El estereotipo de un hombre (corpulento, serio, varonil) y el de una mujer (superficial, refinada, sexualizada) son el resultado de esta categorización. Es indiscutible que entre lo masculino y lo femenino existen diferencias y que ambos tienen algo único que aportar, pero el rol de género no sirve estos propósitos y solo limita la capacidad de ambos encerrándolos entre un conjunto de pensamientos y actitudes dominadas por el ‘‘que van a decir’’ o ‘’que van a pensar’’.

La imagen masculina o femenina de un individuo puede beneficiar o dificultar la manera en que este individuo se desempeña en la sociedad y por lo general se descarta y se ridiculiza a quienes no siguen este patrón creando desventaja de oportunidades en diferentes aspectos de la vida.

La moda y el mundo del entretenimiento va dando cada vez más fuerza a este fenómeno por la manera que ha sexualizado y convertido la imagen de la mujer moderna en un producto más de un lucrativo mercado. La ropa, los cosméticos y los productos de ‘belleza’ son glorificados por el mundo superficial y la publicidad, comportamiento que es adaptado por la población general.

Por otra parte, el hombre, vive atado inseparablemente a su inquebrantable e incuestionable masculinidad y es visualizado como el ‘jefe’ de la familia. Su papel de género dominante ha creado una desigualdad que pone al género opuesto en desventaja, lo que impide que experimenten juntos su desarrollo.

Estos roles influencian directamente no solo la manera de vestir, pensar o actuar, si no la manera en que una sociedad se relaciona y se desarrolla. Si consideramos esto podemos llegar a la conclusión de que estos roles impiden nuestro progreso como especie y que han tenido influencia absoluta en el curso de nuestra historia.

El sistema, la religión y la sociedad no deben determinar el papel que juega un hombre o una mujer, ni mucho menos su identidad, por lo que no se debe reclamar a estos poderes, menos aun cuando ellos son sus fieles defensores. El cambio debe venir desde dentro de la sociedad y para lograr esto no solo debemos orientar, si no que debemos descartar lo que nos encadena a ellos.

No se debe perseguir la separación entre lo masculino y lo femenino, ni la independencia o dominación de uno sobre el otro, si no a la unión de ambos para crear, dejando atrás el rol absurdo que los poderes sociales, políticos y religiosos han impuesto.

Publicado originalmente el 5 de Mayo 2014

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